En el marco de la última Semana de la Moda de Nueva York, Carolina Herrera organizó una fiesta exclusiva en un estudio ubicado en el barrio del Soho, para presentar su nueva fragancia 212 VIP Rosé, cuya imagen es la top Gisele Bündchen.
Son las once de la noche de un lunes, en la helada Manhattan, y mientras Carolina Herrera Jr. recibe a los invitados y charla con sus amigos, Gisele espera a Cosmo en un cuarto para tener una charla íntima.
Antes de entrar a verla, su representante me comenta que es la primera vez que la diseñadora venezolana elige a una celebrity como imagen de sus perfumes. Y es que Gisele es una de las pocas modelos que logró trascender las pasarelas para convertir su nombre en una marca registrada. Para el mundo, ella es simplemente “Gisele”.
Modelo icónica de Victoria´s Secret, estuvo de novia cuatro años con Leo Di Caprio, “luego de Kate Moss y Naomi Campbell, revalorizó y redefinió el concepto de supermodelo”, en términos de la mítica directora de la revista Vogue, Anna Wintour, y desde hace siete años, lidera el ranking de las top mejor cotizadas en el mundo, con 42 millones de dólares en su haber, según la revista Forbes. Como para ponerle un moño a su vida, lejos de las pasarelas y de los sets de filmación, terminó encontrando a su verdadero amor ¡en la cancha! En 2009, se casó con Tom Brady, jugador de fútbol americano, con quien tiene dos hijos, Benjamín (5) y Vivian Lake (1).
Mientras la espero, y luego de hacer este repaso de su vida en mi cabeza, empiezo a suponer que un lunes, cerca de la medianoche, la modelo de los 42 millones solo debe querer ir a la fiesta a divertirse o a su casa a estar con su familia. Pero cuando Gisele abre la puerta, no sorprende por lo más obvio, su belleza (¡Es espléndida! Tiene un vestido negro ajustado con encaje y unos tacos que la estilizan aún más. Y a pesar de ser flaquísima, tiene curvas sexy que la alejan del estereotipo andrógino e inalcanzable de las modelos), sino por la energía y la calidez que transmite. Habla mucho. Le encanta conversar. Y se anima a hacerlo en español. Se ríe, gesticula, bromea. Se apasiona al hablar de Brasil, mucho más que al referirse a los grandes diseñadores y fotógrafos con los que trabajó en estos 20 años de carrera. Tres cosas deja bien en claro: ama su país, ser madre y tener un esposo que, por sobre todas las cosas, la escucha y la contiene. Da la sensación de que si no hubiese una cantidad de minutos pactados para la entrevista, se quedaría charlando sobre ellos hasta la madrugada. Pero afuera están esperándola para la VIP party. Por suerte, antes de ir a hacer lo que mejor sabe, posar para las cámaras, nos deja conocer un poco más de la mujer lejos de los flashes.
P. Afuera hay una fiesta de la que sos anfitriona, ¿te divierten estos eventos?
Sí. Si bien no salgo todas las noches, amo bailar. En una fiesta, es difícil que me quede quieta, soy de las que no abandonan nunca la pista. Me encantan los hits de los 80, Daft Punk, Stevie Wonder y Rihanna. ¿Sabés qué? Siempre me preguntan cuál es mi mejor outfit para un evento de este estilo. Y, en verdad, más allá de lo que me ponga, lo que me hace sentir más sexy es bailar. Descalza, con tacos, con vestido o con jean, bailo como si nadie me viera, como dice el dicho. ¿Será por mi sangre brasileña?
P. Puede ser… ¡Las brasileñas se mueven como ninguna! Hablando de tu país, ¿qué es lo primero que hacés cuando vas allá?
Unos días antes de viajar, llamo a mi mamá y le suplico: “Ma, por favor, comprame agua de coco”. Me gusta mucho y solo la encuentro en Brasil. Después, hago planes hogareños. Tengo cinco hermanas y aprovecho para organizar grandes comidas con mi familia. Las lasañas de mi mamá y los asados de mi papá suelen ser las excusas para vernos. Hace años vivo en Estados Unidos y he viajado por el mundo, pero Brasil es mi lugar preferido. Me relajo un montón cuando estoy allá, porque me reencuentro con mi esencia, con mi cultura, con mi gente… Esa sensación es única. Ahora estoy feliz porque se viene el Mundial y el país está entusiasmado con el tema.
P. ¿Te gustaría una final entre Argentina y Brasil?
Sería genial, ¿no? Porque son los rivales que desatan más pasiones en la cancha. Por suerte, esa rivalidad solo existe en el fútbol. Yo adoro a los argentinos. Cuando era adolescente, vacacionaba con mis papás en Camboriú y estaba lleno de argentinos. Yo me hacía amiga y salía con todos. ¡A ustedes sí que les gusta divertirse! Recuerdo que en la playa, cantaban: “pican, pican los mosquitos”.
P. Naciste en un país futbolero y te casaste con un jugador, aunque de fútbol americano…
No tenía escapatoria: mi destino era estar cerca de un balón (risas). Hablando en serio, Tom es hermoso y, como deportista, tiene un cuerpo increíble, pero lo que realmente me enamoró fue su dulzura. Es noble, honesto y tiene un gran corazón. Siempre ve lo mejor de cada uno. Esa es una gran cualidad. Apenas lo conocí, sentí que iba a ser un gran compañero.
P. Son una de las parejas más hot, ¿sufriste celos o miedo a la infidelidad?
No, porque él me hace sentir segura. Eso es clave en la relación. Yo estoy acostumbrada a que en mi ambiente, todos estén pendientes del exterior y se enamoren del afuera. Él, en cambio, es sensible y me escucha, está atento a mí. Eso me hace tener confianza.
P. ¿Qué planes te divierte hacer con él?
Ir al cine o a comer afuera. Ambos viajamos mucho por trabajo, pero una vez por semana, religiosamente, planificamos una cita de a dos. Cuando tenés hijos, es importante tener ese tiempo con tu chico. Aprovechamos para charlar sobre nosotros, somos sinceros y directos, y compartimos lo que nos pasa. Por eso funcionamos juntos.
P. ¿Sos una mujer difícil de sorprender?
No. Soy sencilla, aunque me fijo en los detalles. Cuando trabajo todo el día y mi marido me espera con una cena a la luz de las velas, ya me conquista. Él sabe que los temas de Bob Marley y Jack Johnson no pueden faltar en una velada para hacerme aun más feliz.
P. Tenés una familia divina, una carrera exitosa y sos la modelo mejor cotizada. ¿Qué te falta?
Siento que alcancé más de lo que imaginaba cuando tenía 16. A esa edad, me arriesgué a vivir en Nueva York para ser modelo, sin siquiera saber inglés. Aprendí el idioma al escuchar cassettes de Mariah Carey y de Boyz II Men. A lo que voy es que hace mucho vengo luchando por mis sueños. Y logré cumplir bastantes. Trabajé con los diseñadores y fotógrafos más prestigiosos, recorrí el mundo… Pero llegué al punto de que las cosas externas o materiales no me llenan. De ahora en más, necesito pensar en mí. Quiero conocerme mejor y descubrir lo que realmente me importa. También, deseo focalizar mi energía en apoyar causas que protejan a los animales y al medio ambiente, dos temas con los que estoy muy comprometida.
P. Si mañana tuvieras el día libre, solo para vos, ¿qué harías?
¡Me iría a hacer unos masajes! Me di cuenta de que vivo regalándoles días de spa a mis amigos porque, en realidad, ¡es lo que yo quiero! Una está acostumbrada a mimarse con zapatos, ropa, carteras, pero nunca con masajes. Ahora que lo pienso, este año, con Tom cumplimos cinco años de casados. Apenas llegue a casa, voy a decirle: “Amor, hace 20 años que corro sobre tacos… ¡¿No te parece que me merezco un día de spa como regalo de aniversario?!”.






















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