octubre 8, 2015

La columna de la ex 55 ¡THE END!

La columna de la ex 55 ¡THE END!
La historia de Cosmo sobre la chica que rompió con su novio y volvió a enamorarse llega a su fin. ...
septiembre 16, 2015

La columna de la ex 54

La columna de la ex 54
Desventuras de una chica que rompió con su novio... Y volvió a enamorarse...
septiembre 7, 2015

La columna de la ex 53

La columna de la ex 53
Diego me había propuesto casamiento (¡CHAN!), y mi respuesta fue “¡sí!”. Yo estaba en las nubes: por momentos creía que había sido un sueño y por otros, me agarraba un ataque de felicidad y cantaba por la calle. ¿Era verdad? Un e-mail de la mamá de Diego y el Excel con la lista interminable de sus invitados me lo confirmó de la peor manera. ¿Boda o Creamfields? Yo siempre había soñado con algo íntimo (solo familiares y amigos cercanos), pero rápidamente descubrí que mi futuro marido tenía otro plan en mente para nuestro casamiento. “Tenemos que buscar salones grandes, como para 400 personas”, me advirtió. ¿Los amigos del colegio, los de la facu y los de fútbol suman semejante número? Yo no entendía nada. “Tiremos la casa por la ventana”, me decía feliz. “No sé si tirarla, pero hipotecarla, seguro”, retrucaba yo. No fue el único desencuentro que tuvimos: yo moría por entrar del brazo de mi papá a la parroquia de mi barrio, mientras que Diego quería algo “relajado”, que nos casara su amigo “Rata” que es actor: “La tiene clarísima. Hasta hizo de cura en la tele”, me explicó. Yo prefería pizza libre, una buena barra y música “cachengue”, pero mi novio argumentaba que un menú completo, los buenos vinos y la música electrónica eran indispensables. “¡Cómo que no va a haber carnaval carioca!”, grité. Cuando hablamos del video, y él me propuso armar una...
julio 2, 2015

La columna de la ex 52

La columna de la ex 52
I did it again! Fue un beso de dos segundos con Juan, el auditor espléndido. Enseguida le dije: “No puedo” y salí corriendo de la oficina. Ya había estado en ese lugar, conocía el pack culpa + remordimiento + excusas. La única diferencia era que esta vez el “desestabilizador” no había sido mi ex: ¡bien ahí! (?). La pregunta era más que obvia: ¿por qué siempre que estaba bien con Diego me mandaba alguna? Mariposas en fuga Durante algunos días, traté de evitar a Diego: inventé un par de comidas con amigas y me quedé dormida un rato antes de que él llegara de jugar al fútbol. A mitad de semana, saqué un as de la manga: “ Mi amor, estoy pasadísima de rosca con el laburo. Me gustaría ir a Mar del Plata para ver a mi abuela y tomar un poco de aire”. Diego parecía confundido, me preguntó por qué no íbamos juntos. Le hablé del vínculo abuela-nieta, y zafé olímpicamente. Él sabía que, para mí, el mejor remedio eran los ñoquis caseros de mi “abu”. Apenas nos abrazamos, mi abuela me dijo al oído: “¿Qué te pasó, pichona?”, y yo me puse a llorar como una nena. Cuando me tranquilicé, le conté todo mientras ella amasaba. “¿Cómo hicieron con el abuelo para estar tantos años juntos?”, quise saber. “Gracias a Dios, las mariposas en la panza vuelan rápido: imaginate si...
junio 8, 2015

La columna de la ex 51

La columna de la ex 51
“Si te acercas un milímetro más, te como la boca”, me advirtió Juan, el auditor, con su sonrisa más provocadora. Por primera vez, él me había tuteado. “¡Guau! ¿Cómo llegamos a esta situación?”, pensé. Todo había empezado con una de mis “clásicas” metidas de pata. “ Por mí, que me audite toda”, bromeé con mis compañeras de trabajo, sin darme cuenta de que él estaba detrás de mí y me había escuchado. “Ahora te va a volver loca”, me advirtió ese día la recepcionista. No se equivocó. ¡Al ataque! A partir de ese día, empezó un bombardeo de e-mails con pedidos de informes y con planillas para completar: en casi todos él incluía algún chiste final. Luego vinieron los post-its con smiles, hasta que un día nos quedamos solos en la sala de reuniones. “ ¿Y, cuándo vas a auditarme?”, me desafió. Me puse colorada, como si fuera una adolescente. Él se rió, se levantó y se fue. Me dejó en compañía de mi taquicardia y mi cara de tonta. Desde esa tarde, las cartas quedaron sobre la mesa. Empezamos a coincidir en los breaks cada vez más seguido. Aunque nunca estábamos solos, mientras tomábamos café nos mirábamos con cualquier excusa. Por supuesto: empecé a stalkearlo en las redes: según Facebook, Twitter y LinkedIn, existía una novia, pero no estaban casados ni tenían hijos. Diego no es bobo. “¿Así vas a ir a...